Verano,tiempo de lectura y de ir al cine "con la fresquita", al aire libre o al aire acondicionado que nos haga entrar en vidas de película.

 

¿Quién se anima a empezar a recomendar, comentar, sugerir, opinar....recordar otros tiempos...?

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Pos venga!

Recuerdo el cine de  verano en mi pueblo, qué gustazo; había dos "el de la fábrica" (porque la empresa tenía una fábrica al lado de gaseosas y polos) y el cine Parque, donde más aire corría. Tiempos de Joselito, Marisol, Rocío Dúrcal, "las del oeste", " las de romanos", las de las copleras y copleros de la época (coplera era el insulto preferido de mi abuela, jeje). Las sillas de tijera, dios qué duras, y en el momento cumbre de la peli, cuando se mascaba la tragedia, aprovechando el  silencio (mira que era difícil lo del silencio) se escuchaba  "¡hay gasiosaaaaa!",  lo pasábamos pipa. :D

Feli, como siempre, nos haces un retrato certero de una época. No te creas que vas a descansar porque este curso pensamos utilizar tu sabiduría en nuestras aulas...tras el Cine de Verano...
He ido mucho al cine; mi padre era un gran aficionado y vi todas las películas de romanos y del Oeste (ahora de vaqueros) que se estrenaron en mi niñez. En mi pueblo no había cine de verano; ya era raro que hubiera dos "de invierno", todo un lujo para un sitio tan pequeño.
Mis primeros recuerdos de este tipo de cines se remontan a mi adolescencia y se relacionan siempre con el sitio donde veraneábamos. Torrevieja tenía varios y yo los recuerdo como si fuera ahora. Recuerdo el frío (sí, en Torrevieja la brisa marina es fresquita por la noche) y la distribución de los asientos, que curiosamente se agrupaban alrededor de mesas. Era como estar en un gran restaurante, sólo que la cena te la llevabas tú. Para eso estaban las mesas. Ahora me pregunto cómo permitían eso, supongo que habría que comprar allí las bebidas. El caso es que aquello era una curiosa mezcla de supermercado, restaurante y cine, que nada tenía que ver con las asépticas salas de proyección actuales que tan bien hemos copiado de los americanos.
Después fuimos evolucionando y desaparecieron las mesas. Las sillas se colocaron mirando todas a la pantalla. Las cenas se seguían llevando, pero se ocultaban en cestas debajo de las sillas. 
 Gloriosas películas vi en aquellos cines, empezando por Beethoven, pasando por El último emperador o disfrutando de Robin Hood (el de Kevin Kostner).
Luego ya vienieron los hijos y cambió el escenario. Pasábamos los veranos en una pedanía de Torrevieja, La Mata, y el cine de verano que había allí era casi la única distracción que teníamos después de la playa. Era imprescindible llevarse un cojín o dos porque los asientos eran de metal, pero a cambio tenía un pequeño espacio cubierto en la parte de atrás donde te podías refugiar si lloviznaba. Así, refugiados, vimos una noche Bailando con lobos, mientras llovía. Toda una experiencia.
Cine de verano se asocia siempre a vacaciones, a falta de compromisos, a poder trasnochar, a que te pueda caer la lluvia encima, a que tengas como techo un paraguas de estrellas, a poder ver la película desde un edificio cercano con prismáticos (yo lo he hecho), a poder comer pipas (las palomitas vinieron después), y en mi caso, siempre a brisa de mar... Ésa es mi madalena de Proust; para mí cine de verano es igual a brisa de mar, bocanada de yodo y sal. Eso unido al león de la Metro, la estatua de Columbia, la tierra girando de Universal, el pegaso de Tristar,... en fin, esos intros cuya música sabíamos tararear todos, nos hacía saber que inmediatamente después veríamos una película inolvidable.
Esa es la magia del cine: hacernos vibrar de emoción, hacernos creer que todo es posible cuando se apagan las luces; o cuando la noche es oscura, si tenemos la suerte de estar a la fresca en un cine de verano.

Escrito a petición de doña Díriga para la ning Cero en Conducta, que pretende unir Cine y Educación.
Nos vamos a la versión CINE de VERANO 2011 de lo que nos cuenta Conchita
http://www.lasprovincias.es/videos/valencia/ciudad/1034233866001-ha...

Las tardes de verano todas repetidas y ninguna igual, pasaban sin pena ni gloria entre paseos, collares de jazmines, peleas con los primos, juegos, aburrimiento y obligaciones como la siesta y arreglarse cada tarde aunque no hubiera nada que hacer especial. El arreglo no era grave en sí mismo, pero impedía el movimiento y las manchas, así que era como una cárcel. Todavía hoy me cuesta arreglarme en las tardes de verano.

Pero algunas tardes eran más interesantes. Ponían en el cine alguna película apta para nosotros y entonces el lío empezaba desde temprano. Que si tú vas, que si quién les lleva... finalmente la Tata hacía unas tortillas que ya quisiera unbulli y nos llevaba medio almidonados al cine. A ella le gustaba más que a nosotros... No te manches, decía sin mirarme. Y se quedaba embobada mirando la pantalla... "no tires las pipas al suelo", decía casi hablando sola... "No tata, sólo las cáscaras", le contestaba mi hermano.

En mi pueblo había dos cines. Uno de invierno y otro de verano. Los dos eran del mismo dueño que tenía nombre y era un señor presuntamente rico y calvo. Cuando la cinta se rompía, se atascaba o sabediós, alguna gente gritaba: "Calvooooo" y a mí no me hacía gracia. Nunca me gustaron los gritos ni esa forma de pedir las cosas atropellando. La Tata me decía: "No te preocupes, que ya mismo vuelve", pero lo decía para tranquilizarse a sí misma. Lo único que yo quería era lo mismo que ahora, que la película no se acabara nunca, y lo pedía sabiendo lo mismo que sé ahora, que la película se tiene que acabar... o no sería una película.

No recuerdo cómo eran las sillas, tendría que preguntarlo, pero creo que eran bancos porque cuando empecé a ir de adolescente las manos iban y venían sin que la separación de una silla con otra lo impidiera. Aquel muchachito no tenía interés ninguno en el cine. Daba igual la película que fuera... mirábamos el cielo estrellado cegados por las luces de la pantalla; me susurraba cosas al oído que yo no escuchaba porque la película me gustaba más, y me cabreaba mucho que me mojara la oreja cortándome el argumento de la cinta. 

La penúltima que "vimos" juntos fue El anticristo. Creo que se llamaba así. La verdad es que yo debía estar ya al borde del agotamiento porque ni el fresquito de la noche, ni las carantoñas me convencieron para quedarme a ver aquel engendro. Yo es que el cine nunca lo entendí como objeto de sufrimiento. Como dice mi madre, si la película es de alegrías y ricos, vale, que para pobre ya estoy yo. Ella es que es muy primitiva y cree que aquí no hemos venido a sufrir. Yo tampoco creo que hayamos venido a sufrir; al cine, digo.

Yo me sentía muy bien en aquel cine de verano, como falsamente a salvo de todo, como falsamente viviendo historias inventadas, como falsamente viéndome en algún personaje... hasta que leía en la pantalla: FIN, y no podía evitar un vuelco en el estómago, un nomelopuedocreerperoyaterminó? que ahora, en muchas ocasiones, sigo sintiendo exactamente igual.

Me gustaba el cine de verano de mi pueblo. Un día, mi padre vino a buscarme para darme una sorpresa y entramos en el cine, medio derruido, a ver al Calvo. Yo le pregunté ¿por qué ha cerrado usted el cine? y me dijo con un tono que entonces no supe entender: "Porque lo ha comprado tu padre". Casi me caigo al suelo de la emoción... enseguida me vi soñando... yo tenía un taco de entradas en la mano y las repartía a mis amigos, íbamos al cine a diario, comíamos pipas sin respirar,  y... Ah sí, eso... mi padre tiró lo que quedaba del cine y construyó pisos amueblados.

Lola, hay algo en tu manera de escribir que llega al interior.

Leerte es volver a revivir, que no recordar,lo digo porque mi piel se ha erizado, mis ojos se han puesto brillantes, muy brillantes...y eso ¡es vivir!

 

He retrocedido a Almería, a esos collares de jazmines que mis primas me enseñaban a ir enhebrando en las siestas obligatorias rodeadas del aparato de "fli"...

He vuelto a tener mi mano cogida de la Tata, honor que se iba pasando a los primos mas pequeños de la pandilla, verano tras verano, cuando el abuelo nos invitaba a todos los primos a pasar aquellos largos veranos en su casa de la ciudad Jardín...Todo un ritual...palya, gazpacho y sandía a la vuelta, siesta, merienda en el patio junto a las macetas de la abuela, tortilla y ¡cine!

 

Mis primeros escarceos de manos que van y manos que apartan no fueron en ese cine de verano porque mi abuelo había muerto ya.Pero si que otro cine de verano se cruzó en mi camino.

En Cartagena, estaban Los Juncos. Un cine enorme , eso nos parecía entonces, que la empresa Bazán abría cada verano y en el que el anuncio de polvos taka tak hacía que el público cantara a coro "espumosos, maravillosos..."

Las sillas si que las recuerdo , sillones de metal pintados de azul y con brazos. Al fondo,  un graderío en el que se puede adivinar, y hasta casi escuchar todavía, la algarabía y ¡¡¡¡¡¡gallinero a callar!!!!!!

 

Ahí vi Dr Zivago y ha querido la vida que la semana pasada conociera a Mariví Villanueva. Nos contó que su familia esta en producción de cine desde hace muchos años y que en esa pelicula ella consigió colarse de extra cuando era pequeña...

 

Sobre gustos y colores no han escrito los autores, me decía mi abuela en esos veranos,  pero me pasa como a tí...ahora veo cine de sufrir solo cuando por necesidades del guión se hace imprescindible porque de sufrir ¡ siempre hay tiempo!

Yo recuerdo tres lugares especiales de mi infancia que me permitieron acercarme al cine y descubrir ese mundo de vaqueros, princesas, dragones y colores. 

El primero, mi casa: mis padres nos regalaron por Reyes un Super Cinexin que proyectábamos en la pared de la habitación de mi hermano. Solo nos dejaban utilizarlo en momentos especiales. La verdad es que tampoco hubiéramos podido ponerlo todas las tardes, ya que sólo teníamos dos películas: una que ya no recuerdo y la otra de vaqueros. Recuerdo que nos partíamos de risa cuando nos equivocábamos al poner la cinta en el proyector y veíamos a los vaqueros correr hacia atrás en sus caballos.

 

El segundo lugar especial era el cine de mi barrio. Solo lo abrían los domingos por la tarde con sesiones especiales para los niños. A la entrada al cine nos daban un par de Petit Suise y en mitad de la película hacían un parón para rifar juguetes y balones. Recuerdo las películas de Parchís y salir corriendo del cine para llegar a casa a tiempo de ver los Fraguel.

 

El tercer lugar donde veíamos cine cuando yo era pequeña era el colegio de las Salesianas. Las monjas proyectaban películas de cine en el salón de actos, y después nos dejaban juguetes para jugar con ellos en el patio del colegio. De aquellas tardes recuerdo especialmente la película Dentro del laberinto: un mundo mágico que despertó mi imaginación y que se quedó grabado en mí. Por cierto, hace poco volví a ver la película y fueron tantísimos los recuerdos que rescaté mientras la visionaba que por un momento volví a sentirme niña otra vez.

Silvia,  que bonita manera de acercarnos a esos momentos de tu infancia en la que, los que los que somos un poco mas aventajados en la carrera de los años, reconocemos a nuestros hermanos pequeños , a nuestros sobrinos o a nuestros vecinos.

Gracias por esas películas que sitúan una época.

En los veranos de los años 68 al 70, en la edad de la inocencia, en un pueblo si más historias que su monte,su huerta y su río, transcurrían los dias de verano con una lentitud casi mágica que nos permitía vivirlo más intensamente aún.

La casa de mis padres estaba casi a las afuera de Cieza, justo detrás de la plaza de toros, tenía a tiro de piedra el río para bañarme, la huerta para "robar" albaricoques, melocotones, peras.. y el cine por la noche en esa plaza de toros. Así eran los días uno detrás de otro, como un ritual compartido con los amigos del barrio y complices de mil aventuras.

Por la noche tocaba cine, creo que era a duro la entrada, pero eso era de lo menos, muchas veces era gratís, el portero, Marcelino, un mayor de 16 años y amigo nuestro, nos dejaba pasar.Recuerdo el olor a arena mojada, a bocadillo de tortilla francesa, las carrerillas por pillar los mejores sitios en esa sillas de madera y la visita obligada a la cabina de proyección el tendido de sombra, justo al lado de los músicos , un sitio sagrado para nosotros.  

Nos gustaban las "americanas" las del oeste, y nadas más empezar especulábamos entre los amigos sobre quien  era él, el muchacho, el protagonista, el bueno de la peli  y quien era el malo, mientras tanto solo se oía el sonido de clic-clac de las pipas y algún que otro chicle explotado.  Otro día ponían alguna del el Santo enmascarado de plata, un luchador de lucha libre que hacia nuestras delicias y que arrancaba tremendos aplausos cuando en el ring y fuera de él  daba cuenta de un tremendas palizas a sus adversarios. Las de amor no nos gustaban y nos salíamos a dar vueltas por las casas baratas y coger grillos.

¡ Parece que fue ayer y han pasado 40 años!

 

Paisano, que deleite leer tu retrato costumbrista. 

Dirán de los maestros que tenemos muchas vacaciones, que no damos el nivel... pero nos leerán en este espacio, compartirán nuestro ser, nuestro querer y nuetro hacer y descubrirán que somos algo más que unos datos de PISA o que un rankíng de evaluación externa.

¡Gracias, maestro!

Qué buen tema! 

Me acuerdo que hace...12 años más o menos, cuando yo tenía 10 (Aquellos tiempos en los que no existía ni Facebook, ni Twitter), íbamos a veranear a Fuengirola, en Málaga, con amigos de la familia. Allí me juntaba con chavales de mi edad de los que guardo un recuerdo intenso y emotivo, ya que con el paso del tiempo (y como es normal), nos hemos distanciando. 

El caso es que esos 4 años seguidos veraneando allí, íbamos a la playa, a la piscina, al puerto...pero la ESTRELLA sin duda era ese cine de verano. (De hecho recuerdo que un día fuimos y estaba cerrado y fue como un golpe en la tripa...ni un flash de fresa pudo solucionarlo).

 

Butacas-sillas de plástico bien preparadas, un pantallón alucinante, palomitas, coca cola, amigos, padres, hermanos...y doble sesión de cine. Ese descanso de 15 minutos entre peli y peli era emocionante. Comentabas la que ya habías visto sabiendo que todavía te quedaban otras 2 horas de estar allí. 

 

Supongo que es una experiencia que hay que vivir y sentir...así que recomendado queda el cine de verano para todos! 

De aquellos días, de esas emocines y sensaciones ...tu afición al cine.

Gracias por entrar a compartir con los que enseñamos en las aulaa :-))))

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