¿Alguien se anima a empezar a descubrir, recomendar y comentar relatos de abuelos y abuelas?

Empezamos con este aparente cuento de pequeños pero ¿realmente lo es?

Aprender a contar cuentos es un arte que los mayores tienen que descubrir para que los más pequeños se enamoren de las palabras, de las historias y se emocionen con nuestras voces.



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qué bonito trabajo!

ME APUNTO!

Para seguir buscando inspiración, nos pasan las responsables de esta interesante revista esta recomendación

http://www.revistaelarbolrojo.net/el-increible-viaje-de-la-abuela/

Llega Julita y sus alumnos ¡gracias!

Hola, me llamo Bea, tengo 20 años y os voy a contar una historia de hace 9 años. Resulta que con mi abuelo Francisco siempre me llevaba muy bien. Gracias a él había visto comer a una ardilla, beber de una gota de agua a una hormiga, a un castor hacer su casa con palos... Muchísimas cosas la mar de interesantes.
Un día el abuelo me dijo muy serio: - Mañana te voy a enseñar una cosa que te va a encantar-. Y, sin decir más, entró en su habitación y cerró la puerta.
Serían las 8:00 de la mañana cuando mi abuelo me despertó. Anduvimos una hora y media y me dijo: - Hemos llegado-. Entramos en una cueva iluminada por no sabía qué. Hasta que lo vi, era una urna y en medio flotaba una rosa con los pétalos de todos los colores del arcoiris.
Mi abuelo me explicó que cuando era pequeño se perdió en el bosque y encontró esta cueva. Él decía que esa flor era un signo de amor, cariño, amistad... y para él significaba mucho. Y sólo alguien que lo necesitara de verdad cogería la flor.
Mes y medio después ingresaron a mi abuelo. Un día fui a verlo. Le conté que el día anterior oí a un lobo aullar y que mi padre se asustó. Mi abuelo esbozó una de sus sonrisas y fue la última porque ese mismo día por la noche murió.
Para consolarme me fui a la cueva de la flor, entonces se me ocurrió una idea, no muy sensata.
Fui acercándome a la urna, las palabras de mi abuelo resonaban en mi conciencia: "Sólo aquél que lo necesitara de verdad cogería la flor", la levanté sin esfuerzo. Y la rosa se inclinó y flotó hasta mi mano.
Me fui corriendo con ella en mis manos, bien agarrada. La flor no había perdido su brillo. En cuanto llegué al cementerio planté la flor detrás de la tumba de mi abuelo para que nadie la cogiese.
Por la noche soñé que mi abuelo iba al cielo con la flor en la mano y de sus labios salía un "GRACIAS".
Nazaret Pérez
6º A
CEIP Padre Manjón de Burgos
Nazaret, es precioso este cuento. Felicidades.

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