Twiiter nos ha presentado a alguien especial que nos guiará en el mundo de la crítica, haciéndonos levantar del sillón para acudir al cine, de inmediato.

¿Os parece exgerado? Juzgad por vosotros mismos.

El nos cuenta su afición invisible y....

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Realmente, esto de twitter es maravilloso. ¿Quién me iba a decir esta mañana cuando me he levantado, que iba a terminar compartiendo cine con vosotros-as?

 

Cuando Mercedes me ha propuesto que modere, anime, coordine,... este foro sobre críticas de cine, mi respuesta ha sido, inmediatamente, que por supuesto, encantado y es que si hay algo que me hubiera gustado “ser de mayor” hubiera sido crítico de cine.

 

A parte del “encanto” que tiene que te paguen por ver películas y luego opinar libremente sobre ellas. Creo que pocas cosas hay que me gusten más que ver una buena peli, a poder ser en buena compañía.

Cuando contaba con 16-17 años, recuerdo que mi padre tuvo a bien hacerse socio del “CineBank” (no sé si los más jóvenes sabréis qué es esto jejejeje). Recuerdo que aquello me parecía magia: yo recargaba la tarjeta con dinero y la máquina me daba en el mismo instante, la película que yo quisiera ver. A partir de ese momento creo que mis gastos más altos estaban repartidos entre recargar la tarjeta del cinebank y tabaco. Tomé la buena costumbre de sacar casi a diario películas e irme a casa de mis padres, a verlas con amigos, parejas, etc. Creo que en aquel momento fue cuando me enganché al cine.

 

Luego llegó Internet, el adsl, y , por decirlo de alguna manera eso facilitó mi acceso a cine de una forma mucho más rápida aún. Todavía conservo alguna de esas enormes tarrinas con montones de películas en CD’s. Desde entonces, hasta ahora casi todas las noches, o a la hora de comer o cenar, suelo poner una película; apenas veo la televisión, pero sin embargo veo cine a diario.

También acudo al cine con mucha asiduidad, sobre todo para aquellos estrenos que me llaman la atención y que me paso esperando mucho tiempo desde que sé que se está rodando la película.

Respecto al género, creo que las películas que más me gustan son aquellas en las que tengo que estar continuamente pensando ¿qué esta pasando? ¿qué va a pasar?. No obstante, suelo ver de casi todos los palos: comedia, drama, acción, suspense,...

 

Creo firmemente que una buena película es aquella que te hace estar hablando de ella un buen rato con los amigos-as, después de haberla visto y opino que pocas cosas hay más educativas, que hablar, opinar, argumentar, criticar, ... una película que hemos visto con un buen grupo de amigos-as.

 

Y esa creo, que debe ser la función que cumpla este foro, la de permitir que un grupo de amigos-as analicemos, critiquemos y compartamos cine.

 

Para “abrir boca” os dejo la crítica que he elaborado sobre Batman: The Dark Knight Rises y os animo a todos-as a que elaboréis las vuestras propias y comentéis la que he hecho yo mismo.

 

Para aquellos-as que no sepáis por dónde empezar, creo que una buena película es aquella que os deja un buen “sabor” después de verla: Tratad de describir cómo es ese “sabor” y por qué creéis que os lo ha dejado.

 

Mucho ánimo y encantado de conoceros por adelantado:D

Bienvenido, qué lujo contar contigo!

Una crítica da la mano a otra crítica...

Hoy llega la de Salvador Barrientos. ¡Gracias!

Con El caballero oscuro. La leyenda renace, el director Cris Nolan cierra un ciclo de tres películas con el hombre murciélago como protagonista. Tras Batman begins y El caballero oscuro, la narración se retoma ocho años después del desenlace de la segunda cinta, que siempre será recordada, justamente, por la gran actuación del malogrado Heith Ledger, interpretando a un Joker despiadado, desquiciado y muy astuto.

Aunque lleva ya unas semanas en cartel, no fue hasta esta semana que tuve la oportunidad de verla, y aquí os dejo algunas de las impresiones y reflexiones que me suscitó esta película a lo largo de sus 165 minutos de metraje.

Primero que nada, llama la atención la solidez del guión. Encontramos, sí, algunos saltos, (personajes que aparecen en el sitio exacto sin saber cómo llegan allí) y un inicio confuso en un avión, que recuerda un principio similar en una de las entregas de Misión imposible. Frecuentemente, las películas que basan parte de su atractivo en la proliferación de efectos especiales, son acusadas de aportar tramas endebles, pensadas para intercalar las escenas de acción, persecuciones, peleas... No es así, a mi entender, en esta película, que pone la acción al servicio de la historia, y no al revés.

La trama se construye a partir de un plan elaborado durante años por fuerzas del mal, encarnadas en un personaje siniestro, de aspecto desagradable y temible: Bane, que protegido tras una máscara que le permite soportar las secuelas de una agresión, se hace con el control de Gotham sin apenas oposición. Esta solidez  del guión a la que aludimos, perrmite ver la lucha interna de Bruce Wayne, quien no encuentra motivos para volver a hacer una vida activa, tras lo acontecido en el final de la anterior entrega y la muerte de Rachel, su amor. Tampoco ve sentido a enfundarse otra vez el traje negro de murciélago. Consecuentemente, hay una mayor presencia de Bruce Wayne en la cinta, en detrimento de Batman; la redención de Wayne, su bajada a los infiernos y su recuperación como persona, más allá del superhéroe, ocupa buena parte de la película.

El contrapunto a la seriedad de Bruce y su conflicto interior lo aporta el personaje de Catwoman, aunque no se la nombra así en el film, una ladrona de extraordinaria habilidad que entra y sale de la vida de Wayne/Batman y que también se debate entre una simpatía, incluso admiración, hacia Bruce y sus propios intereses, mucho más mundanos. Magnífica, a mi entender, Anne Hathaway, una actriz tan versátil como prolífica, y siempre sale bien de cualquier encargo.

Más desdibujado vemos a Alfred, el mayordomo, que aparece en contadas ocasiones y toma una decisión poco creíble en el desarrollo de la historia. Todo no va a ser perfecto. El comisario Gordon, al que vuelve a dar vida Gary Oldman, muy aplomado en su papel, también tiene su propio conflicto interno, y sigue buscando la redención. Además, será ayudado por un joven policía, perspicaz y valiente, que además conoce a Bruce Wayne, puesto que ha sido beneficiario de su ayuda a los hospicios de la ciudad. Este policía lleva buena parte de la historia, sobre todo cuando la ciudad cae en manos de Bane y sus secuaces.

La película tiene, además, una significación sociopolítica que se manifiesta en la revolución que Bane impone en Gotham City: una revolución impuesta, eso sí, por la amenaza de una bomba nuclear que puede estallar en cualquier momento. Bane quiere devolver a los ciudadanos “el control sobre sus propias vidas” y señala a los ricos, a los poderosos, a la policía... como culpables de la injusticia global, que se manifiesta en el ámbito local de Gotham City. No estamos diciendo que haya que interpretar la cinta en clave política; sería un error hacerlo, a mi entender; pero sí se puede reflexionar sobre los miedos modernos, la falta de solidaridad ante situaciones de peligro colectivo, la desvertebración de la ciudadanía y la aparición de salvadores que utilizan medios terroristas para imponer sus propuestas. En algún momento, viendo las explosiones que asolan la ciudad, recordé el 11-S. La policía descolocada, sin poder hacer frente a la amenaza y a los ataques cuidadosamente preparados durante semanas, tiene un paralelismo acusado con la realidad.

Por otra parte, se escenifican las medidas revolucionarias -tribunales populares sin ningún derecho para los acusados, expropiación de bienes forzosa- que recuerdan episodios de la tradición revolucionaria europea. La escena final de esta revolución, con un enfrentamiento físico más propio del western que del siglo XXI, refuerza esta sensación de enfrentamiento popular. La revolución impuesta, aunque tenga sus partidarios, no soluciona las cosas, las lleva a un límite imposible, es el mensaje que se puede extraer.

Por último, podemos hablar de la necesidad de referentes, de personas que vayan por delante y muestren el camino a una sociedad adormecida, preocupada de sus propios problemas y que ha perdido el lazo social más allá de las mínimas reglas de convivencia. Batman/Wayne asume, a su pesar, ese papel referencial que, como se vio en la entrega anterior, los políticos no pueden llevar a cabo; no hay, sin embargo, una deslegitimación de la política, sino una delimitación de espacios distintos. Batman no quiere protagonismos, es el caballero oscuro que actúa donde hay un peligro.

Los actores están todos sobresalientes, en mi opinión. Es verdad que Marion Cotillard, en el papel de Miranda Tate, lo tiene difícil, porque es un personaje ambivalente y poco trazado.  Bale está más cálido que en otras ocasiones, menos rígido. La música de Zimmer también está a la altura, aunque para mí sobra algún fragmento extemporáneo en la última parte del film.  La música da entrada, acertadamente, a momentos de tensión, acompañando la carrera por la salvación de la ciudad. Aunque, a medida que se acerca el final, sabemos que, de alguna manera, Batman y sus ayudantes conseguirán salvar la ciudad. Al fin y al cabo, es cine americano.

Un placer poder contar contigo. 

Cine y educación: Els nens salvatges (Los niños salvajes)

 Retomamos la serie de artículos sobre cine y educación que empezamos con Profesor Lahzar, allá por el mes de julio. En esta ocasión es a propósito de Los niños salvajes/Els nens salvatges, que he podido ver en versión original, es decir, en catalán y castellano. En el enlace podéis ver los datos de la película, dirigida por Patricia Ferreira. (Ver ficha técnica) 

El film recoge una temporada en la vida de tres adolescentes que estudian en el IES Montserrat Roig, del área metropolitana de Barcelona.  Además, refleja con fidelidad lo que ocurre en las aulas, un poco al estilo de La clase, pero en este caso no se centra tanto en los temas educativos, sino que profundiza en las relaciones familiares, por un lado, y la socialización de los adolescentes con sus iguales, por el otro. Además, ofrece un retrato de la diversidad lingüística en Cataluña, donde conviven catalán y castellano con mucha naturalidad; ese aspecto también es fiel a la realidad. 

Àlex, Gabi y Oky son dos chicos y una chica de quince años, compañeros de clase en tercero de la ESO. Con quince años, viven realidades muy distintas: mientras que los padres de Àlex pasan dificultades para salir adelante con el bar que regentan, los de Laura (Oky) viven desahogadamente en una vivienda unifamiliar, y los de Gabi también disfrutan de una posición económica estable. Los tres amigos buscan salidas al aburrimiento, a no saber qué hacer una vez fuera de clase. No siempre respetan la ley, aunque tampoco delinquen violentamente. Simplemente, buscan diversión sin tener en cuenta las consecuencias. Cada uno a su manera está aislado: Àlex por su trayectoria conflictiva en el instituto; Gabi por unas expectativas paternas que le superan y le hacen tener problemas académicos; y Oki, que tiene todo para ser una buena hija y alumna, se aburre en su vida cotidiana de niña acomodada. 

El planteamiento de tres amigos, dos varones y una mujer, me ha recordado la estupenda Soñadores, de Bertolucci, aunque aquella trataba mucho más las relaciones personales de los tres jóvenes. Aquí, el triángulo amoroso se insinúa, y no es, ni mucho menos, uno de los puntales de la historia.


Los padres, a mi entender, están un tanto estereotipados. Son tres familias que continúan unidas, los padres siguen juntos, aunque esto signifique relativamente poco para los hijos. Llama la atención la incomunicación entre progenitores y adolescentes: es un factor que explica bastantes cosas. No es responsabilidad de los padres, solamente. Los jóvenes actúan sin tenerles en cuenta, y tampoco abren vías de comunicación con ellos. Las situaciones que viven, diversas pero parecidas, implican un alto grado de desconocimiento de los padres sobre qué hacen, cómo se divierten, si toman drogas... Parecen mundos paralelos, que se juntan fugazmente ante el televisor. 
Àlex, que como hemos dicho es un alumno complicado por un carácter poco dado a obedecer, ve una tabla de salvación en un curso para ilustradores urbanos; él forma parte de un grupo de grafiteros y tiene buena mano con el dibujo. El curso es en Amsterdam, y no tiene dinero para acudir. Sin embargo, mantiene su ilusión con la ayuda de la orientadora escolar (a quien da vida una creíble Aina Clotet). Este será el hilo conductor de la narración, ya que todos los protagonistas se implican, de alguna manera, a favor o en contra de esa posibilidad, de esa vía de escape que Àlex quiere aprovechar a toda costa. Sus amigos Laura y Gabi intentarán ayudarle, ante la incomprensión de sus padres, que no entienden esa solidaridad ingenua propia de la juventud. Y ahí está otra de las claves de la película: al despreciar el acto de generosidad que intentan hacer, se acaban de romper los escasos lazos de comunicación que había entre Oki y sus padres. Gabi, por su parte, ve ridiculizados sus esfuerzos por ayudar a Àlex.

El profesorado, por su parte, está retratado con gran verosimilitud. Al igual que con los padres, que representan distintos modelos de paternidad, aquí encontramos toda la diversidad de profesores que pueblan los IES: la enrollada, que da Historia del Arte; el serio profe de mates, preocupado por su área y poco más; la profesora de literatura, con problemas depresivos y pocas ganas de inmiscuirse en algo más que en sus clases; y el profesor de biología, un profesor quemado y sin esperanzas sobre sus alumnos más difíciles. Es el que siempre pone en duda la utilidad del refuerzo y asesoramiento a los niños y jóvenes con problemas. Que pide que se ocupen más de los que "se esfuerzan". Un discurso, por cierto, que se extiende en los centros y que no podemos aceptar sin más. 

Las escenas en el centro escolar son un ejemplo de naturalidad, en un doble sentido: no hay artificiosidad, todo parece auténtico, por una parte; y por otra, podrían pasar por una narración naturalista, en un sentido literario. Es, con mucho, lo mejor del film. 

La trama avanza de manera discontinua, con unos saltos hacia atrás que no aportan, a mi entender, nada a la narración, y que en algunos momentos pueden resultar irritantes. La película flojea en ese sentido, en mi opinión. No es una obra de suspense, ni necesita serlo. Y da más importancia a los temas familiares y relacionales que a lo educativo, que es tratado como una parte más de la vida de los protagonistas, que se desarrolla en los tres ámbitos citados: además del colegio, la vivienda familiar y por último la calle, los parques donde se reúnen para beber, fumar y charlar. También me llama la atención la ausencia de espacios adecuados para que los jóvenes puedan estar y pasar ratos interesantes e incluso agradables. Por el contrario, ocupan el espacio público de parques, sobre todo, y allí pasan el tiempo. Preocupante panorama el que se da de una ciudad como Barcelona, aunque podría ser Valencia, Madrid, Málaga... 

Otra conclusión que se puede extraer de la película es la soledad en que viven los adolescentes: aunque tengan familias, no hay apenas comunicación. Aunque tengan amigos, sus relaciones son más bien superficiales y los grupos se forman y deshacen con facilidad. Aunque tengan profesores, pocos de ellos muestran un interés humano, más allá de lo estrictamente académico relacionado con su asignatura. Y a estos jóvenes, ¿quién los educa? 
El final, al que nos va encaminando la narración un tanto artificiosamente, me parece exagerado, he de decirlo como lo siento. Si se ha buscado una metáfora de la necesidad de cambio, se les ha ido la mano. Si, por el contrario, quiere mostrar la inutilidad de las cosas materiales cuando falta el afecto, el ejercicio responsable de la paternidad más allá de la exigencia o de la complacencia, tampoco me parece la manera más probable de terminar la historia. Pero no todo puede ser perfecto. Ni en el cine, ni en las aulas.

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