Me escribe Lola Urbano @noLolaMento y me dice ..si te sirve ya sabes...

Los que sabremos seremos todos después de leer esto

Los Descendientes. Cine y Educación.

He visto Los Descendientes en inglés y en español. Y he visto Katmandú, un espejo en el cielo, doblada… y es lo único que no me ha gustado de la película, el doblaje, así que tengo que volver y verla en versión original, si es que la hay, porque de momento no la encuentro.

Imagen de la web oficial de la película

Imagen de la web oficial de la película

En las dos películas, y desde mi punto de vista, la estrella es la Educación. La buena y la mala, pero Educación. Y se ven muchas cosas. El cine, como la literatura, puede hacer visibles muchos asuntos que nos empeñamos en que sigan siendo invisibles. Aún así, en digital y hasta poniéndonos altavoces debajo de los asientos, el del cine, y el de la vida, hay gente que sigue sin enterarse, porque no quiere. Y es que si nos enteramos de todo, resulta que hay que cambiar muchas cosas, y eso es trabajo de verdad, y da miedo.

Hay muchas cosas en Los Descendientes que me llaman la atención, y todas tienen que ver con lo que aprendemos, y con lo que elegimos ser a partir de eso que aprendemos. Y también, faltaría más, con lo que no nos dejan aprender, con lo que no nos dejan ser. Esta parte oscura de la (mala) educación suele ser muy sutil, suele estar consensuada por medio mundo y consentida por el otro medio, y nos parte el alma.

En Los Descendientes, una niña compara su trabajo con el de una famosa artista y no entiende que no la dejen hacer lo mismo. En ningún momento los adultos se sientan con ella a reflexionar sobre lo que dice, que es más que interesante. En la misma película, una adolescente ridiculiza las amenazas de su padre y, entre otras cosas, le espeta: ¿qué me vas a hacer? ¿llevarme a la silla de pensar? Y pienso en la inutilidad de los castigos y en cómo amenazamos continuamente con eso, a sabiendas de que no lo vamos a cumplir, con lo que sumamos el ridículo a lo inútil. El amigo adolescente lo tiene claro: soy así y es lo que hay. Siente lo que siente y no oculta quién es, y eso descoloca a los demás.

Imagen de la web oficial

En esta misma película, un hombre que creía tenerlo todo bajo control, que estaba en su micromundo masculino y egocéntrico (él no tenía la culpa, es que las cosas -dicen- son así), se da de cara con la realidad entera, de sopetón: hospitales, muerte, desamor, cuernos, hijas de las que nunca se ocupó y que ahora, lógicamente, no sabe qué hacer con ellas… el progenitor de repuesto, y un marido que siente, luego algo habrá de verdad, que su mujer acabó en el hospital solo para llamar su atención. No siendo matemática pura, tiene mucho de interesante… ¿qué hemos hecho a lo largo de nuestras vidas para llamar la atención de quienes amamos y no nos hacían caso? ¿Hacemos caso a la gente que queremos? ¿Les tratamos bien, con respeto, sin mentiras, estamos disponibles emocionalmente además de presentes físicamente? Magnífico e intenso tema de íntima y compartida reflexión.

No deja fuera la película los intereses económicos y la muerte de la Naturaleza, de la Madre Tierra. Las grandes familias unidas por la tierra, que se adoran… cuando todo va bien. Una película que nos recuerda que en todas partes cuecen habas. Los lugares paradisíacos, mucho ladrillo en Hawaii, no garantizan la felicidad eterna y la salud permanente de sus habitantes. Solo en los folletos de las agencias de viajes. También mola ver como en un colegio que cuesta una megapasta las hijas se pueden emborrachar de madrugada sin que nadie lo remedie. Me tienta extenderme, pero no lo haré… no quiero acabar llorando.

Un matrimonio, el del amante de ella, que vive en la mentira bajo la capa del amor. Una cosa que yo no entenderé jamás. Ella intuye, pero mira hacia otro lado, él miente como un bellaco, pero dice que la quiere, y que no quiere perder a su familia… y ella acaba dándose de boca con la cruda realidad, mientras él se humilla para no salir perdiendo. Finalmente, la naturaleza lo pone todo en su sitio. Se sepa, o no.

Probablemente a alguien pueda parecerle absurda la historia, a mí no. Todo lo que pasa en la película, absolutamente todo, lo he visto, vivido u oído alguna vez, aunque el paisaje no fuera el mismo, ni las camisas de los señores, afortunadamente, tampoco. La realidad no solo supera a la ficción, sino que es, a su vez, más ficción. ¿Eres lo que eres o eres lo que haces, tienes, dices y callas? No, no es una película absurda, ni una historia sin sentido…

Es una belleza llena de ternura, situaciones difíciles y gente que se pierde y se encuentra, a sí misma y con los demás, a cada paso. Eres tú y soy yo. Por eso lloramos en el cine aquella tarde helada…

De Katmandú hablamos luego…

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